ZZ…“porque un poco de locura no hace nunca daño”…ZZ

jueves, 6 de septiembre de 2007

SER DETONANTE


SER DETONANTE
Nelson Garrido

La base de mi obra es un poco ser detonante, como poner bombas en cualquier sitio, táctica de guerras de guerrilas…
Pero la vaina está llegando a unos niveles graves. La censura es la manifestación de una enorme tendencia reaccionaria que vine de atrás, y no solo aquí, sino en todo el mundo. Basta ver lo Ottawa, y más recientemente la historia con Meyer…
El famosos y conocido Pedro Meyer me pidió imágenes para su página Web y el tipo me ha censurado. Lo peor es que no es ni siquiera por la obra sino por el texto que escribí para acompañarla, algo así como que para mí la violencia iba más allá de lo que estamos haciendo, que uno se queda corto, y lo que me preocupa es la falta de honestidad de los intelectuales y los artistas que no asumen esto responsablemente.
Aparentemente, Meyer se sintió aludido y lo que me parece más grave en este caso es que se tarta de censura ideológica. Yo no soy una víctima, pero me tiene cercado. Si los mismos artistas se van a poner como censores y ser la nueva inquisición, es preocupante… Ahí puede verse como son especies de feudos, y si tu no estás cuadrado, te jodiste, y yo que le tiro a todo el mundo cuando no estoy de acuerdo, estoy cercado… Eso sí no me pueden obviar. Por mucho que sea una presencia molesta, soy una presencia. Me invitan y cada vez se arrepienten de haberme invitado… Hoy existe una tendencia a manejar una estética de la violencia que siga siendo complaciente y que se pueda vender. No van más allá.
Se mantienen en el límite para que todavía un cierto sector pueda comprar esa obra. Una morbosidad en el hecho de que todavía en que si la obra puede ser comprobable y seguir decorando las partes de un salón.
Yo no vivo de mi obra, por ejemplo. Tú no puedes vivir de tu obra porque si es así, tienes que adaptarte al mercado…
Vivimos una coyuntura en el país que es muy importante.
Creo que después de todos los acontecimientos de profundo cambio social las cosas están estancadas. A mí me preocupa cuando la oposición pasa a ser oficialista, y eso está pasando igual a nivel del arte. Uno tiende a ubicar el arte como lago separado del problema político del país, y resulta que viven las mismas consecuencias. Los artistas tenemos el mismo compromiso que los políticos. Es muy cómodo decir y que Carlos Andrés esto, y que la corrupción esto… Aquí los artistas, los intelectuales, las instituciones, tienen tanta responsabilidad como los políticos. Si hay que tener un compromiso. A veces todo el movimiento artístico se asume libre de compromisos, y quien calla, otorga. Yo parto de este hecho. Aquí lamentablemente están pasando y han pasado una cantidad de cosas, donde el silencio es la mayor complicidad.
Cuando tú asumes una posición crítica y cuestionas una serie de cosas eres un forma peo. Y no se trata de eso… Es que uno tiene que asumir una posición frente a los problemas, y como ahora todo se logra gracias a indulgencias ajenas, no te puedes meter con nada. No te puedes meter con los críticos, no te puedes meter con tal salón, no te puedes meter con el Estado. Me parece gravísimo, porque la plata siempre parece venir del Estado y éste está invirtiendo en cosas absurdas. Si yo me atrevo a criticar, pro ejemplo, el trabajo de las Orquestas Juveniles, me meto en un peo. Está bien, perfecto, qué bueno que hay orquestas juveniles per cápita que Suecia es como exageradito. Pero si te atreves a decir eso te estás metiendo en problemas, estás “atentando” contra el “proyecto”, el derecho a que todo el mundo toque el violín. Está bien el violín, pero creo que hay una cantidad de otras cosas también prioritarias e importantes.
Ahí está el problema de los salones. A mí me parece que si las perspectivas del arte que vienen son como el Pirelli, estamos jodidos. Mucho efectismo, mucha maquinita, mucho circo y poco contenido, y además esa postura del “yo no soy de ninguna parte”. Tú si eres de aquí, perteneces a una realidad y debes asumirlo responsablemente. Entonces aquí, como que nadie es de aquí. Tú dices que eres de Venezuela y que tú crees en esto y eres como un bicho raro. Para estar en algo hay que estar navegando, Internet, la visión global. Déjate de vainas, la globalidad parte del entendimiento de lo particular donde tú estás viviendo, de lo local. Y esto es así en todas partes. Pero aquí en Venezuela todo el mundo está, pero quiere irse y esto es tan grave como un político que está robando. Mientras la gente no asuma su responsabilidad, histórica y política del momento, esto sencillamente no sale.
No creo en esa cosas a ultranza del que no navegue pro Internet no está en nada. El instrumento no hace la foto. A mí lo que me preocupa no es la tecnología sino la visión de circo en la que a todo se le añaden cables, videos, cornetitas y aparaticos para nada, porque no están en función de discurso. Aquí, por lo menos a nivel de salones, estamos en una etapa de “profunda superficialidad” donde la tecnología es sencillamente caché.
Es como los espejitos y los indios. Y, alucinados, vamos cambiando espejitos por pepitas de oro. La crisis, en definitiva, no está a nivel de instrumentos sino en la carencia de discurso. Ahora todo el mundo es instalacionista, y la tecnología puede servir para catapultar una idea o simplemente para tapar carencias. Es la cosa efectista por el efecto en sí mismo. Así, a nivel formal ha habido cambios, pero en contenido en definitivazo hay ningún aporte.
Creo que en fotografía específicamente ha habido una respuesta más coherente que en otras disciplinas… Aquí en Venezuela hay un movimiento fotográfico muy rico, conformado por muchas individualidades, no hay una tendencia oficial sino múltiples manifestaciones, y esto no sucede a nivel del resto de América Latina. En la plástica nueva uno no encuentra imágenes resaltantes y eso que oportunidades están teniendo. Salones hay, y la gente está perdida de salonera.
Los artistas trabajan espasmódicamente pero no hay un trabajo continuo. Así te vas convirtiendo en la más grande prostituta que busca satisfacer los gustos o exigencias del curador / sacerdote. Ya las bienales y salones no son de los artistas sino de los curadores y el artista ya detrás de esa figura que luego se ocupará de tus relaciones y proyección internacional. Yo prefiero “boto tierrita y no juego” que calarme ésa. Sólo el trabajo constante y permanente de resultados, porque estás trabajando en función de tu obra y no para salones y curadores que hacen que la obra se vuelva demasiado complaciente, como dar cócteles. Los salones y bienales se han vuelto una especie de café-concert, casi falta que jueguen canasta, sirvan un tecito, todo Edmundo se ríe, sales en sociales y el que tenga talento para las relaciones públicas le irá muy bien. Pero eso es algo que se desmoronará por su propio peso.

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