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jueves, 6 de septiembre de 2007

CONSIDERACIONES SOBRE LA CRÍTICA

CONSIDERACIONES SOBRE LA CRÍTICA
Juan Carlos Palenzuela

El editorial de la revista Imagen de Julio de 1968 titulado “Lo precario de nuestra crítica”, comienza así: “En Venezuela se siente desdén por la crítica”. El director de dicha revista cultural era Guillermo Sucre, el mismo ensayista que, años más tarde publicaría “La mascara, la transparencia” (1975): Un acceso a la poesía desde la conciencia crítica.
Aún cuando es inconcebible el hecho creador sin la crítica, se constata, en el medio de las artes plásticas venezolanas, y particularmente en la década del noventa, una ignorancia rotunda y un desprecio absoluto acerca de la función de la crítica.
Dos situaciones se presentan al mismo tiempo y ambas las valoramos por igual como factores que han contribuido a la orfandad del pensamiento y el ejercicio de la critica de arte en el país, la negativa de los diarios a concluir con regulación la columna de crítica, todo lo cual llegó a su máximo dramatismo con el fin de la colaboración de Roberto Guevara en la página de arte de el Nacional en 1994 y luego de treinta años de ejercicio profesional y, con la pérdida de la importancia de las páginas culturales del Universal, que pasaron de abrir en el cuarto cuerpo, a un espacio menor entre las secciones de deporte y sociales y donde, además, no hay interés por la columna crítica; y también, por la ausencia de ciclo editorial alguno y de estímulo a la investigación específica por parte de la Galería de Arte Nacional.
Así, la práctica de la crítica de arte en Venezuela se ha reducido a esporádicas columnas, a ocasionales presentaciones de catálogos de exposiciones y a muy raras conferencias. En consecuencia, la crítica de arte en Venezuela apenas podemos percibirla en la revista Imagen, Extracámara y Papel Literario, en los catálogos del Museo de Bellas Artes, el Museo de Maracay y algunas Galerías y Visuales del Conac (iniciativa de su directora, Jacqueline Rousseau). Valdría anotar aquí la invitación que formula cada año el Ateneo de Valencia a un crítico latinoamericano para que se desempeñe como jurado en el Salón Michelena. De resto, impera el silencio. Silencio que hace más difícil recabar información sobre obras y artistas, valorar documentos varios, estudiar las obras, los movimientos, establecer parámetros y generar intercambios de ideas. El desinterés por la crítica es parejo a la falta de archivos, de colecciones visibles, y de debates, coloquios o afines.
En Abril de 1974 Roberto Guevara decía que carecíamos de divulgación de nuestros patrimonios culturales, esa falla no ha sido superada. Por tanto, los esfuerzos de estudio son de carácter personal. Los autores, ¡qué existen! Realizan su tarea en solitario y ocasiones se cohibe o se reprime un pensamiento crítico a cambio de una edición oficial, posibilidad casi exclusiva de publicación.
Así esa consideración de desprecio por la tarea crítica es una constante de la cultura venezolana.
“Toda creación estética”, afirma Guillermo Sucre en su libro antes citado, “es crítica, de ahí la sucesión de escuelas y de estilos”.
Fundamento teórico básico que, sin embargo, parece no tener cabida en la mentalidad de quienes decidieron que, en la Caracas de los noventa, el crítico es un estorbo.

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