ZZ…“porque un poco de locura no hace nunca daño”…ZZ

jueves, 6 de septiembre de 2007

EL GRANDISIMO PEDO

EL GRANDISIMO PEDO
Felipe Ehrenberg

El grandísimo Pedo en orden de prioridades:
1. Desde hace por lo menos 40 siglos, los artistas visuales (antes plásticos) nos habíamos relacionado con nuestro prójimo (que en l actualidad se denomina “El Gran Público”) de manera directa. Hoy, las artes visuales (antes plásticas) tienen cada vez menos relación con el mencionado Gran Público, que en realidad sigue siendo nuestro prójimo inmediato. Ahora las artes, en su rama “retinal”, se encaminan a satisfacer las necesidades de consumo conspicuo de un sector con privilegios totales, grupúsculos de gente que a la vez que incrementan su capital reducen su número a pasos acelerados. En su rama conceptual, no – objetual, efímera, o como se le quiera llamar, las artes se hacen cada vez más herméticas y se dirigen a satisfacer a públicos cada vez más reducidos que se fragmentan a su vez en sub-grupos de intereses más específicos.
2. Los artistas visuales (antes plásticos) nos alejamos de nuestra función primigenia, que es actuar como propositores, intérpretes y traductores de la realidad que nos rodea. Algunos nos convertimos menos en pensadores y más en decoradores y la gente nos confunde más cada vez con proveedores de bienes de lujo de altísimo costo, con diseñadores gráficos y hasta con artesanos, payasos en vez de bufones. Otros vamos construyendo agendas secretas con base en lenguajes criptográficos que se refieren más a agendas secretas y lenguajes criptográficos que a la vida colectiva que compartimos con nuestro prójimo.
3. Día con día surgen en el horizonte de imágenes que nos rodea, técnicas, materiales, soportes y tecnología de punta, que incluyen cine, video y la digitalización.
Enfrentando el Gran Público (el Gran prójimo) a la fuerza y riqueza de este nuevo imaginario visual que permea hasta lo más recóndito de nuestra intimidad colectiva, va perdiendo la capacidad de contemplar y dirigir el imaginario que manufacturamos los artistas, sobre todo lo que producimos a usanzas tradicionales, es decir, para galerías y museos.
Son tantos los árboles que perdemos de vista el bosque. Hace tiempo que llegó la hora de revisar lo que hacemos para redignificar una profesión maravillosa (porque aún puede maravillar), una actividad que durante mucho tiempo sí sirvió de algo.
No es deseable estoy convencido parapetarse tras la tradición (como insisten los galeristas que hagamos los artistas). Tampoco es deseable reinventarnos día con día (como estilan con mayor insistencia los improvisados).
Empieza la temporada y el canal 22 nos muestra a Rafael Tovar que anuncia la inauguración del Festival Cervatito. El jefe nos advierte a los televidentes que “hay que encontrar el término medio entre la tradición y la vanguardia”. Es expresión nítida de los días que vivimos. Entiendo que advierte “ni tan tan, ni tampoco que no alumbre”, es decir, “!tranquilitos! Que si no se mueven demasiado pueden salir en la instantánea presupuestal”. Pero que pueda expresar tan ominosa admonición es en gran medida culpa de los artistas visuales (antes plásticos): si nos atrincheramos en la extemporaneidad, será técnica o conceptual, corremos el riesgo real de quedar congelados como mascotas de los sectores de la población más conservados y peligrosos. Por otra parte, si al formular nuestras propuestas nos desbocamos en la manera de hacerlo, corremos el riesgo también de hacernos mascotas de los sectores de la población más frívolas, los que viven de la novedad por la novedad.
Yo digo:
Basta de historiadores desmemoriados, incapaces de investigar y de hilar los datos en secuencia.
· Basta de minúsculos escritores de tres empleos que se hacen pasar por críticos para endilgarnos poesía en bancarrota.
· Basta de críticos que gustan de sentirse mártires ( no saben cobrar su trabajo); que lanzan sus ditirambos y anatemas desde la altura de 30 líneas ágata; que arman sus archivos con invitaciones de galería solamente; que sé rehúsan leer libros escritos en castellano… o leen sólo traducciones; que ignoran cómo actualizarse o que lo miden todo con la vara de lo que descubrieron en su juventud cuando primero leyeron Correspondencias de Baudelaire.
· Basta de periodistas y reporteros que cuando no parafraseas boletines, repiten y vuelven a repetir las mismas preguntas… ¿dónde naciste? ¿cómo es que te metiste al arte? ¿qué pretendes plasmar en tu obra…?
· Basta de diseñadores gráficos pirruris que mutilan imágenes a diestra y siniestra, los que al momento de comprar su Mac se creen artistas y lo que es en verdad criminal, los que por no haber tenido los huevos para enfrentarse a sus padres y estudiar arte nos usurpan la querencia y el territorio con la mano en la cintura.
· Basta de curadores informales y desorganizados que se improvisan de la noche a la mañana al cobijo de las instituciones, que desdeñan las visiones que de manera tan responsable surge de la creatividad del gremio pero que nos imponen, eso sí, “muy personales visiones”.
· Basta de discriminar a museógrafos y chúmales y secretarias y a los mil y un asalariados del sector público cultural, que no por humildes son menos orgullosos de lo que tan bien saben hacer… y dicho sea no tan de paso, sin los cuales no podría existir un solo artista puesto que hacen posible nuestra tarea pro encima y a pesar de sus jefes.
· Basta del sistema clientelar que aplican la mayoría de nuestros museos cuyos titulares, en lugar de exhibir y mostrarnos el imaginario que surge de la época y el contexto obligan a los artistas de galerías y a nadie más a hacer cola para exponer sus muebles.
· Basta de la tiranía de improvisados galeristas vende firmas, que no distinguen entre los “ismos” y mis asmas pero eso sí que también, pagan bajos sueldos, lavan el dinero de los lankenaus y previsiones, jinetean el nuestro y evaden al fisco y de paso convence a su ignorante clientela que sus locales alfombrados son el único sitio para comprar “legitimo arte”, con lo que disparan los precios de nuestra obra hasta el espacio sideral sidral; y hasta de funcionarios culturales, fiscales y de derecho autorales que son de paso, que desconocen las leyes y los reglamentos, pero que blanden legalismo en defensa de las industrias culturales.
· Basta de comisiones culturales en el congreso que se la pasan pasándose papelitos.
· Pero BASTA sobre todo, de artistas que se sienten el pezón de la Virgen, que se creen y recrean todas las leyes negras que nos enlodan, que le hacen la barba a curadores espurios, a críticos de piocha, a galeristas que nunca visitan estudios; basta de artistas que ignoran la historia y los aportes nacidos en suelo propio, basta de artistas que solo saben nutrir su obra de estilos importados o chatarra, que creen que la calidad de su trabajo crece en proporción directa a los precios que piden, que se descubren como esquiroles a la hora de defender nuestros derechos autorales.
· Y más aún.
· Basta de artistas capitalinos tan provincianos, coyoacanizados o acondezados que acaparan en el DF el presupuesto federal y que al gueto-izarte inhiben la producción creativa del resto de México, basta de artistas antropófagos y necrófagos, de artistas apuñaladotes traperos, soberbios, indisciplinados, mamachichis y lambiscones, maledicientes, valemadristas, ignorantes y …
Bueno, caray,
Basta de pendejadas!
· Y BASTA de los pendejos que les hacen caso.
Son tantos los años de esperanzas incumplidas que me temo que será sólo pedirle peras al olmo, sin embargo propongo a los que no re-unimos al interior de este modesto espacio, alrededor de Guillermo Santamaría, tres días tres, que me están dando resultados:
1. Cerrar filas gremiales con el triple propósito de:
a) Protegernos como grupo.
b) Reavivar la flama de la discusión para hacernos comprensibles, y
c) Volver a dirigirnos no a los príncipes de las finazas ni a los empresarios que se pintan el pelo, sino a nuestro prójimo cercano (tíos, primas, vecinos, el dueño del taller mecánico, la maestra de los hijos, el asegurador, la dentista, el ejidatario y el laboratorista, la contadora y el que nos entrega las pizzas): poco sabrán de arte pero su capacidad intuitiva los hacen nuestro verdadero público y si nos ponemos al tiro, hasta nuestros compradores.
2. Abrir nuestro talleres, a nuestros vecinos, a estudiantes y a clientes fobaproizados (con lo que podremos darle en la madre a los galeristas, que de todas formas solo nos abren sus puertas si “ya hicimos camino”, y que a la hora de exhibir nuestra obra nos hacen hacer todo y aún así todo les sale mal);
3. Abanicarnos hacia el resto de México y a la América Latina, donde todo mundo añora a los mexicanos, en vez de insistir en ser exóticos en Europa o “latinous” en los yunaited.
X-Teresa pude convertirse en nuestra mesa de dominó, en nuestro hogar cerca de nuestro hogar, en nuestro “otro taller”, en nuestra editorial, en nuestra central de correos electrónicos. Tres ideas tres… y ya Bertold Brecha las había definido, pero bueno.

Gracias.

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