ZZ…“porque un poco de locura no hace nunca daño”…ZZ

jueves, 6 de septiembre de 2007

COSAS CON LAS CUALES SALIVO

COSAS CON LAS CUALES “SALIVO”
Enrique Enriquez

Yo pintaba y sobre todo dibujaba. Siempre con una aproximación muy similar a lo que hago ahora; cosas muy cotidianas o populares, cosas como del contexto. Pero es como decía, yo ahora veo una buena revista y siento que es mejor que ir a un museo. Está llena de imágenes maravillosas, de tipos que saben su asunto, porque las fotos son buenas en sí y comunicativamente funciona, dado que ellos saben cómo hay que vender una cosa y la foto refuerza esa idea. Es muy interesante cuando todo el problema de la creatividad se cruza con el de la comunicación. Y yo empiezo a entender que a mí, dibujar o pintar no me interesa más porque hay otras cosas con las cuales “salivo” con más fuerza, siempre tengo esa angustia horrorosa de sentir que uno está haciendo algo que no le interesa a nadie. Me interesa interaccionar con gente variada, y no tener solamente esa aproximación del entendido, del coleccionista, del galerista, la cual puede ser muy plana. Me gusta entender en los trabajos de los artistas, cuál es la pregunta que está detrás de las cosas. Y yo descubro aquí, que en la mayoría de los casos, la gran pregunta de los artistas es: ¿Cómo hago para legitimarme? La gran necesidad, no sólo de los artistas, sino de Leo diseñadores de moda, los ejecutivos, de los cineastas o de cualquiera, es ser creíbles. Un señor con un flux en Caracas, tiene una enorme necesidad de que le crean que él es serio, y el artistas tiene la necesidad de que le crean que es artista. Entonces claro, eso se resuelve de una manera muy sencilla: hacer lo mismo que se hace en otro lado.
Si tú asumes que lo cierto es que yo pinte “a lo impresionista”, y lo hago, entonces soy de verdad. Primero fue la pintura, luego el arte conceptual, después la transvanguardia, ahora estamos en un “revival conceptual”. Es mejor decir: si yo hago instalaciones, soy artista. Un ejemplo muy evidente que siempre pongo es el de los diseñadores de moda que hacen abrigadas. Si tú haces un traje como el de Versace, es perfecto porque a mí me gusta Versace, pero tú no has considerado que aquí en Venezuela hace calor. Calor, lo que quieres es que te crean, manejas unos códigos para legitimarte y decir: “soy tan diseñador como el otro”. Hay un sujeto al que últimamente le estoy prendiendo velas, se llama José Manuel Briceño Guerrero. El tiene en sus libros “El laberinto de los tres Minotauros” toda una revisión de lo que es la idiosincrasia venezolana; qué es lo que esotros somos desde la colonia. Hay un capítulo demoledor titulado ¡Por qué no puede haber creación cultural en América? Y el tipo empieza a desarrollar la idea de que la función del europeo en América, o sea nosotros, es expandir la cultura europea. Por lo tanto, si sólo vamos a expandir esa cultura, nosotros no tenemos que crear nada. Simplemente, entender los códigos manejados en la metrópolis y seguirlos. También habla de una figura clave a mi entender: la del actualizador, que es la del tipo capaz de actualizar a estas regiones porque está más enterado y más al día de los acontecimientos de afuera. A uno puede gustarle o no, estar de acuerdo o no, pero lo que dice el tipo no es mentira. Nosotros tenemos una tradición de actualizadores bárbara, que redunda en un hecho relacionado con lo del MONO, en el sentido de que a nosotros nos cuenta muchísimo imaginarnos cosas inexistentes. Hace dos años, cuando yo le decía a la gente que quería hacer unos carteles o unas vallas, nadie me creía ni se lo podía imaginar. Pero ahora la gente ve los afiches y se puede imaginar al MONO perfectamente en cualquier lado.
Quizás todo este cuento tan largo es para tratar de evidenciar que, en la medida en que ahora a mí me interesa más que pintar, editar, y más que hacer cuadros, libros o productos, eso yo lo asumo como una tradición del objeto artístico.
Yo estoy entrenando para ser un inútil, en el sentido de no ser un historiador, ni sociólogo, ni antropólogo, ni soy nada. Yo soy artista plástico, y la única manera que la gente crea es manteniendo ante ellos mi estatuas de artista plástico, con el uso de los elementos, materiales o artificios que comúnmente se relacionan con lo artístico. Además se facilitan mucho las cosas cuando uno presenta las ideas desde la perspectiva de ser artista plástico, porque el artista está visto como un ser inofensivo, al cual puedes prestar ayuda, “apoyar” como le dicen, sin riesgos. Esa es una perspectiva logística, digamos Adela. Pero por otro lado a mí me parece muy infértil la idea de que, porque uno hace esas cosas, ya no es artista plástico. Yo más bien veo la gente inteligente y valiosa (los artistas que conozco) perdiendo el tiempo miserablemente, haciendo cosas que no le interesan a nadie, sin ningún tipo de repercusión. Hay una frase de un tipo de repercusión. Hay una frase de un tipo que se llama Kart Graus, un filosofo vienés de principios de siglo, es una frase muy bella, así como para enmarcarla y ponerla en la mesa de noche, no me acuerdo a quién se refería pero dice: “La historia le escatimará los favores que sus contemporáneos le prodigaron”. Esa frase, creo, uno se la puede aplicar a cualquier artista venezolano. De hecho, la escasa presencia de artistas o de basquetbolistas venezolanos en el mundo, se debe precisamente a que nosotros partimos de una base equivocada: no tenemos un piso: Si uno ve a un Robert Rodríguez, por ejemplo, (con los pro y los contra que uno quiera) es un sujeto que puede hacer hoy en día proyectos más grandes, porque él parte de un piso: lo mexicano. Yo estoy absolutamente convencido que no se pueden producir objetos artísticos de calidad si no están fundamentados en el contexto en el cual vives, porque de lo contrario sólo tienes actualizaciones de cosas de otro lado.

No hay comentarios: